
El tiempo contradictoriamente parece tan inmenso y tan finito. Mientras para unos se agota, para otros pareciera se detiene y se instala en la más profunda intimidad del ser humano.
Debe existir un momento en el que nos encontremos con nosotros mismos, para reconocer nuestro transitar en esta vida, uno en el que tanto los aciertos como yerros se hagan presentes para reconocernos a sí mismos, en un ambiente en el que los propios silencios y el tiempo nos despojen del ruido que nos hemos procurado para así evitarnos.
Lidiar con los miedos pareciera formar parte de la naturaleza humana y tal vez por ello cometemos torpezas.
Es por ello que estos silencios y momentos que el tiempo nos brinda debemos dotarlos de verdadero sentido de existencia y trascendencia ejerciendo libremente cada una de nuestras convicciones y creencias… la libertad misma.